Capitulo 1: De frialdad y mentiras.

No se como lo ni venir... Al principio fuero cosas sencillas. Negó un par de citas excusándose que tenia que estudiar para recuperarse un poco. Durante unas pocas semanas note cambios bruscos en su forma de tratarme... Se portaba cortante, distante. Pensé que algo malo debía sucederle para que se comportase de esa forma.

-Miyazawa... ¿Sucede algo malo?
-¿A que te refieres?
-No lo sé... no hemos salido últimamente
-Estoy un poco ocupada con los exámenes. -note que parecía evitar mi mirada. Se levanto de su pupitre y, excusando por que tenía que encontrarse con sus amigas, se marcho.

De nuevo huyendo de mí...

Día tras día sentía su presencia más artificial, arisca. Ya no era alegre ni sonriente. Cuanto no habría dado por escuchar uno de sus berrinches, o que me retara en los exámenes. Nos alejábamos poco a poco y yo no encontraba razón para aquello.

Y así, cada día, cada vez que sentía sus ojos fríos y apagados, me hundía más y más. Exteriormente seguíamos juntos en varias ocasiones, comíamos, trabajábamos de vez en cuando, pero estas se estaban haciendo menos frecuentes. Y aun estando juntos podía percibir que la mente y corazón de ella se encontraba muy lejos.

En esas semanas no encontré cura a mi desesperación. Nadie podía haber notado ningún cambio en mi comportamiento, pero durante las prácticas de Kendo dejaba sacar toda mi frustración. Me concentre mas en ello, practicaba y practicaba hasta que casi me desmayaba. Era mi única forma de desahogo.

-¡Terminamos por hoy!

A penas podía moverme del cansancio, yo y mi uniforme estábamos bañados en sudor, jadeaba por el esfuerzo de permanecer en pie. Ni aun en ese estado lograba dejar de pensar en Miyazawa. ¡Ni siquiera de esa forma, maldita sea!

Ni siquiera de esa forma....

Levante la vista para marcharme, cuando ví una sobra cerca a la puerta del gimnasio. Sin pensarlo corrí hacia allí y antes de que la figura pudiera escapar la detuve. Con fuerza apreté la muñeca aprisionada en mi puño.

Miyazawa me miraba asustada, como si no desease que supiera que estaba ahí. ¿Que hacia ahí esas horas de la noche si no era para observarme?

-¡¿A QUE DEMONIOS ESTAS JUGANDO?! -grité.- ¡Primero me evitas a toda costa y luego me espías!

Ella no contestó. Se soltó y sin decir palabra se alejó de mí corriendo hasta perderse en la oscuridad. Quede ahí de pie, con la mano extendida en el aire un minuto, sintiéndome abandonado de una forma tan dolorosa que jamás creí volver a experimentar.

En ese momento, me di cuenta que la estaba perdiendo, y eso me asustaba. Me aterraba y hacia sentir vació, por que sin ella no era nada, no era nadie mas que un cascaron vació y sin valor. Me sentía herido e impotente. Como si dejara escapar entre mis manos la cosa más valiosa de mi vida.

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A la mañana siguiente llegue mucho mas temprano de lo habitual, que era bastante decir. No asistí a la práctica de esa mañana, y aguarde a que apareciera. Inquieto, vi como las horas pasaban. Clase tras clase veía la puerta esperando a que apareciera, pero jamás llegó.

Fui a preguntar a sus amigas en un descanso si sabían la razón de por que no había asistido a la escuela ese día. Y nadie me supo dar razones.

-Tal vez se sintió mal. -me sugirió Tsubaki.- ¿No recuerdan que nos dijo que estaba un poco resfriada para ir a nadar?

-Es verdad -la apoyó Aya.

Yo tenía demasiadas dudas de que se tratase de eso.

-No te preocupes. -me decía Hideki.- Seguramente algo le sucede y necesita estar sola.

-Ella siempre ha confiado en mí... Creo que algo nos esta separando.

Mi amigo se veía preocupado y nervioso, no lo culpo. Nunca me había observado en estado, la única que lo había hecho era quizás Miyazawa...

No podía dejar de pensar en ella.

-Quizás solo sea cosa de mujeres....

-¿Cosas de mujeres...? ¿Sabes algo de esto, Hideki?-pregunte acusadoramente.

-No, nada. -me contestó. Con una seriedad extraña en el, agregó:- Dale tiempo.

Estaba actuado con paranoia, pensé. Que idiota fui... no me di cuenta entonces del significado oculto en aquellas palabras.

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No dude ni un segundo en ir a buscarla a su casa esa misma tarde. Necesitaba explicaciones, aunque no sabia que iba a decirle. Ni siquiera sabía si estaba enojado, preocupado o... asustado.

Una de sus hermanas menores me abrió la puerta. Tsukino me miro un minuto con sorpresa. La salude habitualmente y le pregunte por su hermana.

-Se siente mal -me dijo con frialdad- por el momento no quiere ver a nadie.

-¿Quien es? -pregunto la voz de la pequeña Hano. Ella y Pero-Pero se asomaron. Su expresión se torno sombría al mirarme.

-Mi hermana no puede ver a nadie ahora. -dijo la pequeña, molesta- Mucho menos a TI.

-¡Hano! -la regaño su hermana mayor.-Recuerda...

Una mirada furtiva de ambas, y supe que algo estaba ocurriendo sin que deseasen mi participación.

-Ella estará bien para mañana. -se despidieron y rápidamente cerraron la puerta en mis narices.

-Pero... -balbuceé.- Pero... yo...

Era obvio que esa orden provenía directamente de la propia Miyazawa. Cada vez comprendía menos la situación. Me aleje por la calle hundido en mis dudas.

Un pensamiento, sobre todos los demás llego en medio de mi confusión. Y... ¿si ella ya no me amaba...?

¿Se había hartado de mí y encontrado a alguien más? La sola idea fue tan terrible para mí que la deseche de inmediato, pero la semilla de mi duda se había plantado. Se volvió una obsesión que no permitió conciliar el sueño esa noche.

Tendido en ese lecho que una vez había compartido con ella di vueltas una y otra vez. Toque la suave textura de las sabanas, recordando su piel, sus besos, esas caricias. Nuestra entrega, mutua, total, sin dudas. Nuestro cuerpos tan juntos y necesitados uno del otro...

Me aferre a mis sabanas con los ojos fuertemente cerrados, cargados en lagrimas, deseaba tanto gritar... Lo nuestro había significado para mi mucho más de lo que ella pudiese creer...

Esa noche, curiosamente llovió. Lágrimas, dolor, abandono y soledad volvían a mí emulando mi niñez.  Una herida abierta con mas profundidad por la persona que creía había curado con su amor... ese amor que yo temía efímero, que me quemaba y hacia sufrir...

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Con el corazón encogido de pena y la mirada vacía de expresión. Esa fue la forma en la que me enfrente a ella al día siguiente. Había llegado temprano en exceso, no había conseguido dormir nada en la madrugada cuando me levante para ir a la escuela en busca de explicaciones.

La mire abrir lentamente la puerta del salón vació y luego de un minuto, bajar la vista hacia el suelo.

-Buenos días, Miyazawa.