Capítulo 4: Lazos.


Casi sentí como el corazón de Arima se partía en pedazos tan diminutos como los de mi corazón hecho polvo.

¿Un hijo, nuestro? Un ser vivo producto de nosotros, de nuestro amor... había muerto.

No recuerdo exactamente la reacción de Arima, yo misma estaba demasiado trastornada. Solo me cubrí el rostro y estalle en llanto. Lo ultimo que recuerdo es que me aplicaron un calmante.

Pocos días después, con algunas contusiones menores, salí del hospital. Mi madre estaba muy preocupada por mi estado de ánimo, siempre me preguntaba si me dolía algo o por que tenía esa cara tan pálida y triste, así que me dejo permanecer unos días sin ir a la escuela. No objete, no deseaba enfrentarme a Arima.

Hano y Tsukino se pasaban el día tratando de animarme y hablando pestes de Arima, ellas sabían desde antes de mi caída que mi estado de animo se debía a él, aunque lo adjudicaban a que me había dejado o por alguna pelea. Por eso no le habían permitido verme ese día que no asistí al colegio.

Ese día me había desmayado por obvios síntomas, pero como no había comido bien por todo lo que traía en la cabeza, pude justificarme con eso.

Me tomo un mes el darme cuenta de mi estado. Mi primera reacción fue sorpresa, luego fue miedo. Miedo a que ese pequeño inocente arruinara mi relación con Arima. ¿Que opciones teníamos?, el casarnos y dejar la escuela. Para el, decepcionar a sus padres de esa forma habría sido la muerte.

Y yo... estaba... confundida, pensativa. Mi comportamiento con Arima fue mi protección. Tenía tanto miedo a tener que decirle esa verdad "Hola Arima, te amo y estoy esperando un hijo tuyo. Vas a tirar tu vida a la basura por mi culpa.".

Si, la culpa era de ambos, pero yo no sabia que hacer. Pasadas unas semanas Asaba comenzó a interrogarme, como buen amigo que era de Arima. Era terco, y yo necesitaba alguien con quien desahogarme. Le conté de mis síntomas, de los retrasos, de mis miedos...

Le hice jurar que no diría nada sin mi consentimiento. Me dio su palabra y me ofreció apoyo cuando quisiera comunicarle la noticia a Arima. Esa era la razón de por que había llegado tan temprano el día que... fue el accidente.

En esas semanas, aprendí a querer a ese ser viviendo dentro de mi, aun con todas mis preocupaciones, era como tener la presencia permanente de Arima junto a mi. Mi mente racional estaba hecha una maraña, pero mi yo sentimental, contra mi voluntad había comenzado a ilusionarse, como toda madre.

¿Seria un niño?, ¿Se parecería a mi o Arima? Todas las cosas y sentimientos que se hicieron polvo cuando me comunicaron que no habían logrado salvarlo.

No... No iba a recordar de nuevo esas horas de encierro. Mi mascara se había quebrado en mil pedazos, y poco a poco, mis lagrimas formaban una nueva. A la Yukino que, aun pálida y callada, recibió a sus amigas y familia tranquilamente. La Yukino que cada noche esperaba la madrugada para desahogarse, la misma que no recibía las insistentes visitas y llamadas del Arima que tanto necesitaba.


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Paso una semana antes de que tuviera la fuerza moral para salir de la casa. La hierba fresca en el paraje junto al rió me tranquilizó, aun con las nubes que adornaban la mañana, me pareció un gran descanso. Era un día gris y frió, como mi corazón en ese momento.

Me senté y perdí la noción del tiempo mirando el correr del agua, con rostro inexpresivo. Deseaba no sentir, dejar de pensar. Cual fácil habría sido volver a la antigua manera alegre, pero ya no podría ser esa niña de nuevo. Ahora no necesitaba depender de la aceptación de nadie. Ya había tenido a alguien cuya existencia dependía completamente de mí.

-Sabía que tarde o temprano vendrías aquí...

No necesitaba girar el rostro para saber de quien se trataba. Cansada de todo, me puse de pie. Pero no me marche, permanecí con la cabeza baja en ese lugar esperando que algo sucediera, sintiéndome vacía y fría como las gotas de lluvia que caían a intervalos cada vez mas pequeños.

Escuche pasos acercarse. Sentí sus brazos rodearme por la espada, su cabeza recargada en mi. Sentí como su cuerpo comenzaba a estremecerse a causa de los sollozos. Yo ya no tenía lágrimas que derramar.

-¿Por que? -me preguntó en tono de reproche.

-Por que... tenía miedo.

-¿Miedo? -repitió- ¿MIEDO? -volvió a pronunciar con furia.

La lluvia nos había empapado por completo, estrechándome con fuerza, y descargando su frustración con llanto, Arima Gritó mis propias palabras.

-¡¡¿MIEDO?!!

De pronto, baje la mirada y cerré mis ojos con fuerza. Ya no tenia caso nada...

-Miedo de que esto te alejara de mí... -continué en voz baja.

-¿Como pudiste pensar eso?... ¿Sabes lo que significas para MI? ¿Sabes lo que es vivir y desvivirse por miedo a que te fechasen tus "PADRES"?. ¿Sabes lo que se siente el saber que había alguien de mi sangre que murió por mi culpa? ¿Lo que es ESTO, para MI?

Sentí como me estrechaba mucho más fuerte.

-Quizás mi familia tenga razón -murmuro amargamente- Tengo la sangre de mi padre y al fin he comprobado que hago las mismas cosas que el...

-No hables... por favor... -le rogué con una voz de hilo.- Por favor...

Creo que eso le hizo entender. A el no le habían arrancado un ser vivo de la entrañas. No importaba quien hubiera sido el culpable, solo lo necesitaba a el, ahi, en ese momento.

El agua caía a raudales sobre nosotros. Me aferre a los brazos de Arima, en busca de paz... de calor... Cediéndole mis lágrimas, mis pocas fuerzas, compartiendo nuestro dolor. Entonces estuve segura de que, aun destrozados, saldríamos adelante, por que nos teníamos mutuamente.

Aquel día, comprendí el amor completo. No exige, no duda, no esconde, no desaparece. Solo existe, solo puede darse simplemente. Ese es el amor que comparto, por que mas allá de nuestros momentos felices, esas pruebas nos unían mas. Ya no tenia miedo de mirar hacia el frente, teniendolo a mi lado...

Fin

Notas de la Autora: O_OU... Creo que me pase. Bueno, me quedo algo más raro de lo que yo esperaba. Comentarios, dudas y sugerencias a tsukino_miyazawa@hotmail.com. Hasta luego!!
05/06/02